Tensionar a los athleticzales contra Nico Williams para abaratar la operación es la estrategia culé

Foto de Mairenis Gómez
Periodista Deportiva |

Una operación con más humo que fuego que no tiene otro objetivo que pagar lo menos posible porque no hay dinero

Hasta que no se vean realizados y firmados todos los movimientos que exige la ingeniería financiera del FC Barcelona, hablar del fichaje de Nico Williams es, en el mejor de los casos, un acto de fe; y en el peor, un ejercicio de manipulación emocional dirigido al entorno del Athletic Club.

Porque la supuesta operación para incorporar al extremo de Lezama no es una apuesta directa, clara y decidida. Es, más bien, una jugada de ajedrez a veinte movimientos vista desde un castillo de naipes, el club azulgrana necesita vender a media plantilla (Ansu Fati, Ter Stegen, Pablo Torre, Oriol Romeu, Pau Víctor, Iñaki Peña y hasta Andreas Christensen) para cuadrar números antes de hablar en serio de inscripciones. A esto se suma la incorporación de Joan García, cuyo fichaje está aún por concretar.

Una jugada peligrosa: tensionar Bilbao desde la distancia

Lo más inquietante del caso no es la viabilidad económica que a estas alturas ya es una comedia recurrente en el Spotify Camp Nou, sino la estrategia que se vislumbra tras bastidores, el Barça estaría generando un clima de presión artificial en Bilbao. ¿Cómo? Filtrando avances, vendiendo humo mediático, y dejando caer que todo está hecho cuando no hay ni una cláusula pagada, ni una inscripción garantizada, ni un adiós formal.

El resultado es evidente, colocar al joven Nico Williams en el centro del huracán, azuzar a la afición athleticzale, y dinamitar el vínculo con el club desde dentro. Es una operación de desgaste con un único objetivo, forzar un desenlace sin pagar el precio emocional (ni económico) completo. Una jugada de mala fe, como ya han hecho en el pasado con otros talentos, usando la presión mediática y sentimental como arma de negociación.

La dignidad no se vende

Mientras tanto, en Bilbao, se espera. Se espera que el Barça hable menos y haga más. Se espera que, si realmente quieren a Nico, vayan al punto justo, pagar la cláusula, respetar los tiempos, y dejar de intoxicar un entorno que hasta ahora ha cuidado y elevado al joven como a un hijo más.

En caso contrario, será solo otra historia culé de humo y espejismos. Porque si algo no se compra ni con cláusulas ni con likes es el respeto de una afición. Y el Barça, si no cumple lo que vende, no solo no se llevará a Nico, se llevará otra mancha más en la ya larga lista de promesas que no podía pagar.