El crédito del entrenador se agota en un mar de derrotas. El equipo amarillo, a cinco puntos del pozo.
Situación límite de Garitano en el Cádiz CF. El equipo atraviesa una tormenta que no amaina y que amenaza con arrasar todo lo construido en la primera vuelta. Seis tropiezos y un único empate dibujan el peor arranque de segunda ronda en su trayectoria en la categoría de plata.
De soñar con el ‘play-off’ a mirar de reojo el abismo, el viraje ha sido tan brusco como doloroso en el Nuevo Mirandilla. Ahora el discurso ha cambiado por completo: ya no se habla de asaltar la élite, sino de aferrarse a la salvación en una Liga Hypermotion que no concede tregua.
La derrota en Ipurua frente al Eibar dejó a los amarillos en su posición más baja del campeonato, decimoterceros, y con el descenso asomando a cinco puntos cuando restan 14 jornadas para el cierre. En ese contexto, Gaizka Garitano se aferra al banquillo y acumula excusas.
“No hay problema anímico”
Tras una nueva derrota, el entrenador cadista salió al cruce sobre una posible destitución. «Lo que me preocupa es que el club vaya bien. Eso es lo que más me jode», esgrimió el técnico vasco, intentando desviar el foco. En ese sentido, Garitano advirtió que el equipo “no tiene problemas anímicos”, sino “otros inconvenientes”.
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Garitano no logra encontrar el rumbo; el equipo se diluye cada jornada y la clasificación empieza a dictar sentencia con una crudeza alarmante. La sensación es que el vestuario no reacciona y que el plan se ha quedado sin combustible en el momento más delicado del curso.
La incógnita pasa por medir la resistencia de Manuel Vizcaíno, un presidente poco dado a los volantazos, pero al que la realidad competitiva puede empujar antes de lo previsto a pulsar el botón rojo.
El mercado castiga
El mercado invernal del Cádiz CF se presentó como el bombero que debía apagar el fuego, pero terminó avivando las llamas. El equipo ya llegaba renqueante a enero y, lejos de blindar lo urgente, salió con la plantilla más liviana tras las lesiones de Kovacevic y Tabatadze y las salidas de Fali y Efe Aghama.
Las incorporaciones (Dómina, Antoñito Cordero y Sergio Arribas) prometían aire fresco sobre el papel, aunque la Segunda no concede períodos de adaptación. Mientras desde los despachos se hablaba de proyecto y paciencia, el equipo se iba encogiendo hasta quedar a cinco puntos del abismo.
El margen es todavía real, pero la dinámica exige un golpe de timón inmediato si el Cádiz no quiere verse arrastrado hacia la Primera Federación.





