Llega la época de mover los cubiletes… por ROBERTO PALOMAR

La vuelta del autocar del Real Madrid a las cocheras, adornado con los oropeles por si caía la Copa y la palabra Campeones en todo lo alto, fue como cuando retiraron la figura de Jaime de Marichalar del Museo de Cera. En una carretilla empujada por dos operarios y sin solemnidad alguna, el muñeco acabó en el fondo de un almacén. Así aparcó el chófer el descapotable preparado para que el Madrid celebrara el título. Estacionar el mastodonte en el hangar, —“Dobla, dobla toda. Ahí, ahí... Lo has clavao”— engalanado pero vacío, es una metáfora de la temporada blanca.Pero no pasa nada. Llega la época favorita de Florentino Pérez. Nada por aquí, nada por allá... y aparece Ancelotti. La especialidad de la casa. Para muchos, magia. Para unos pocos, mover los cubiletes y esconder el garbanzo.De momento, el presidente parece salir sin un rasguño del trance y la pesadilla que ha supuesto la presencia de Mourinho en el Real Madrid. Hay gente dotada para escurrir el bulto y Florentino Pérez pertenece a esa estirpe. Es, con el palmarés en la mano, uno de los peores presidentes en la historia del club pero no lo parece. Si echamos un vistazo a la relación inversión/títulos, es para temblar.Su responsabilidad en la llegada de Mourinho es absoluta y, sin embargo, todos tenemos la impresión de que Mourinho aterrizó en una nave espacial hace tres temporadas con un único fin: hundir a Florentino Pérez. Es más, todos los desmanes cometidos por el entrenador no han sido una afrenta al madridismo sino al presidente. Pobre hombre. Ya decimos que es una habilidad que Florentino ha desarrollado y viene explotando desde hace una década: liarla y parecer que todo obedece a una conjunción astral. Sólo así se entiende que siga encadenando elecciones sin rivales y que se llevase la primera ovación del madridismo con el cadáver de la final aún caliente.NO PASA NADA. Pero no pasa nada. La marcha de Mourinho empieza a verse ya como un triunfo personal de Florentino. Él mismo se va a encargar de extirpar el mal. Y, además, gratis. No hay que pagarle un euro. Es muy raro porque normalmente paga quien rompe el contrato, en este caso Mourinho, pero Florentino le perdona y el Madrid dejará de ingresar una suculenta indemnización, sumada a los 16 kilos que ya hubo que abonar por él al Inter. Una gran gestión. Sí, señor. Por cierto, el jeque del PSG ya está apretando para que el Madrid pague por Ancelotti igual que pagó por Mourinho y por Pellegrini, conviertiéndose así en el único club del mundo que paga traspasos por los entrenadores. Lo dicho, no pasa nada.Todas estas idas y venidas se acompañan a golpe de cubilete. Levantas un cubilete y aparece Zidane. Una foto con Zidane en el banquillo, de ayudante de Carlo, no tiene precio. Qué decir si al levantar otro cubilete aparece Beckham, de embajador. Y si bajo el tercer cubilete están los planos del techo del Bernabéu sería ya el acabose. Ahora que nadie espere que de los cubiletes salga un modelo de club a largo plazo, una planificación para la cantera, una contención en el gasto, un organigrama coherente e inamovible a los caprichos del primero que pase... En fin, esa visión empresarial de la que tanto presume Florentino Pérez y de la que aún no han podido disfrutar los socios después de ver desfilar a nueve entrenadores con un gasto de unos 800 millones en fichajes para un total de cinco títulos serios.LA QUE SE AVECINA. Aún haría falta un cuarto cubilete para explicar la que se avecina. Bajo ese cuarto cubilete aparecería la fecha electoral. Un formalismo que Florentino Pérez debe cumplir pero que no sirve para nada. Las condiciones para presentarse a la presidencia, aprobadas por los socios, son leoninas. No habrá elecciones. Más que un club presidencialista, el Real Madrid es hoy una especie de dinastía en la que Florentino Pérez podría incluso sugerir una línea sucesoria. Es lo que hay. Así funciona el aparato de gobierno. Florentino podrá ser presidente hasta que él quiera. Pero no pasa nada.ROBERTO PALOMAR / MARCA
Lodi Celta