Muñiz, el ahijado de Díaz Vega

No, no fue penalti. En Elche, Muñiz Fernández armó la marimorena y se llevó por delante con nocturnidad y alevosía al equipo ilicitano, de la misma mala manera que tres jornadas antes, y con precisión de matarife, había partido el espinazo al Sevilla FC en el Camp Nou: gol anulado a Cala con 1-0 y triunfo culé con el partido más que finiquitado. Como el miércoles en el Manuel Martínez Valero. Pero, claro, entonces, sólo hablaron de robo en la capital hispalense. En Barcelona, más comprensivos, lo consideraron lances del juego. ¿Cuestión de semántica? No, de hipocresía.

César Muñiz Fernández no es un tipo que pase desapercibido en un campo de fútbol. Otra cosa, por decir algo, es en Serrano o en La Moraleja, en Madrid, o en La Toja, en Galicia. Ahí, francamente, lo tiene mucho más chungo. Ahí no desentona entre el pijerismo circundante. Porque César Muñiz Fernández es, por encima de todo, un pijo. Un pijo con pito. O sea, es súper-total. Cuentan en Gijón que el primer Audi TT que circuló por la ciudad fue suyo. Viste como arbitra: ropa de marca, jerseys colgados del hombro, pelo aplastado y brillante con fijador de gomina, caprichoso, talante chulesco y autoritario. Muy autoritario; sobre todo, con los débiles. La temporada pasada ya montó la de San Quintín en La Romareda, en un Zaragoza-Getafe: expulsó a Romaric cuando sólo llevaban nueve minutos de juego y gran traca final con penalti y expulsión de Álvaro. Supuso el 0-1 y la derrota del equipo dirigido entonces por Manolo Jiménez. Al Valencia también le hizo un siete, creo recordar, en la ida de la Copa en el Santiago Bernabéu. Para entendernos. Que para algunos es preferible saludarlo de lejos y si puedes hacerte el tonto y hacer como que no lo has visto, mejor.

Muñiz Fernández empezó a labrarse su estrella en el paseo de la fama del arbitraje en septiembre de 2000 cuando ascendió con treinta años a Segunda División. Sus padrinos fueron el navarro Alberto Undiano Mallenco y el madrileño Antonio Rubinos Pérez. A nadie dentro del arbitraje sorprendió la promoción del trencilla adscrito al Comité de Árbitros del Principado de Asturias. Estaba predestinado por ser hijo de José María Muñiz Farjón, árbitro de Tercera División y juez de línea y mano derecha durante más de una década del también asturiano Manuel Díaz Vega, factótum del Comité Técnico de Árbitros que preside, desde que se hacía la mili con lanza, el cántabro Victoriano Sánchez Arminio. A Sánchez Arminio se debe la frase pronunciada en una reunión de colegiados en Santander, en agosto de 2005: “Tras esto hay un club que lleva dos años sin ganar nada”. La Liga de Fútbol Profesional se había opuesto al incremento salarial del colectivo arbitral; el equipo aludido era, por supuesto, el Real Madrid.

Díaz Vega se retiró en 2000 y su delfín Muñiz Fernández fue el elegido para sustituirle. De casta le venía al galgo. José María Muñiz Farjón, su padre, el asistente sempiterno de Díaz Vega, abrió brecha. Cuenta Paco Giménez en un maravilloso artículo aparecido hace un tiempo en Heraldo de Aragón, que cuando la FIFA decidió en 1991 que los jueces de línea fuesen profesionales, el padre de César fue el primero en levantar la mano y señalarse a sí mismo. Hasta ese momento, los linieres de competiciones europeas eran árbitros de Primera División que se transformaban en velocistas de la banda. Los primeros jueces de línea españoles fueron el ya citado Muñiz Farjón, el catalán Albert Giménez, el andaluz Álvarez de la Cruz, el madrileño García Pacheco, el vasco Mijares Salicio, el murciano Olmos González y el aragonés José Luis Iglesias Casas. Después llegarían Giráldez, Chacón Selas o el oscense Tresaco Gracia, entre otros.

Este es Muñiz Fernández. Un tipo que en su currículo asegura ser “estudiante” aunque en Asturias se sabe que ejerce de gerente en una empresa de servicios del polígono de Asipo, en Llanera, Oviedo, a 35 kilómetros de Gijón, donde vive. Fran Escribá, el técnico del conjunto ilicitano, ha sido prudente y ha optado por la resignación. Lo mismo hizo Unai Emery tras el partido del Camp Nou. Pero como declaró Pepe Mel, otro de los damnificados de Muñiz Fernández la temporada pasada en Mestalla (penalti y expulsión de Amaya y clara expulsión sin sancionar del valencianista Mathieu): “¡Que me expliquen porqué somos los tontos de la Liga”. Al parecer, y como se ha visto, hay más de uno.

Coda.

@3gerardpique: “Viendo una película de humor por Canal+ Liga. Siempre va bien a estas horas de la noche!”. (Twitter. 26-9-2013)

@aarbeloa17: “Muy contentos con los 3 puntos! Me alegro de que algunos cambien el teatro por el cine, eso siempre está bien!”. (Twitter. 26-9-2013)

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