El Barça tiene que aburrir… por ALBERT LLIMÓS

En distancia, debían ser cinco o seis kilómetros. En tiempo, treinta minutos. Para algunos era una quimera. Para otros, una odisea. Se sentían como los rivales de Benji Price avanzando penosamente hacia su portería. El campo era interminable, la portería a penas se divisaba en el horizonte. De esta manera se sentían hasta hace poco los rivales del Barça. Extenuados, incapaces, derrotados. Al final, desistían.Uno de los símbolos de identidad de este equipo era que no concedía oportunidades. Valdés solía aparecer de manera puntual, dos o tres veces por encuentro. La presión avanzada y la posesión inteligente, evitaban cualquier agujero por donde los rivales hicieran daño. Solo el Mark Lenders de turno se permitía hacer destrozas por cuenta propia. En el resto de partidos, la tónica habitual era monopolizar el juego. “El balón es mío”, decían los azulgrana, “y tengo a Oliver Atom. Tú juega a otra cosa”. Y los rivales solían obedecer: terminaban practicando un deporte más parecido al atletismo que al fútbol (o a las artes marciales en algún caso).En los últimos meses, esto ya no sucede. Contra equipos de nivel, el Barça sufre. Hasta el punto que termina muchos partidos creando menos peligro que el oponente. De hecho, recuerda al Madrid de Mourinho en sus dos primeras campañas: aplasta a los débiles sin compasión, tiembla ante los grandes. Este año, a Valdés le llegan demasiado. El bloque ha perdido solidez. 1. La defensa se ha vuelto vulnerable (por simetría y por omisión). 2. En el centro, hay jugadores como Xavi que juegan siempre al límite (tendrá que tomar una decisión) 3. Arriba, Messi es selectivo, escoge mucha más los esfuerzos. Pero, al margen de los problemas defensivos, hay también ofensivos. Problemas que terminan por hacer al equipo más endeble en defensa y acortando el campo para los rivales. Todos sabemos que el Barça defiende con el balón. Pues bien, últimamente, hay demasiados errores en la construcción y se crean muchas menos ocasiones de gol (cuestión de calidad). Bombardear el arco contrario era una manera de tirar al enemigo hacia atrás, parapetarlo en su propia portería, hacerle sentir inseguro, alejarlo de Valdés. Ahora, el oponente es rebelde.Para ganar, el Barça de Tito necesita hipnotizar el rival, hacerle bajar las revoluciones, borrar su rebeldía. Tienen que desesperar corriendo tras el esférico. Es como un encantador de serpientes, cuando duerme a las fieras es cuando se siente más cómodo. Y esto, está costando demasiado, el Barça lo hace sólo a ratos, permitiendo de esta manera un intercambio de golpes que no interesa. Se tiene que recuperar la identidad defensiva y aburrir al rival los 90 minutos, que Valdés vuelva a ser Benji Price.ALBERT LLIMÓS / 50x7.com
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