Javi Espinosa o la Madurez Cualitativa… por RICARDO ZAZO

En primer lugar, he de decir que no conozco de nada a Javi Espinosa, más allá de mi interés por los jugadores del filial del Barcelona. Pude ver algunos partidos del Juvenil entrenado por Óscar García, donde, además de Espinosa, jugaban Deulofeu y Rafinha como falso nueve. En esos días, era imposible no fijarse en Rafinha, conocido por ser el hermano pequeño de Thiago, zurdo, con gol y movilidad excepcionales. Deulofeu era el desequilibrio, tronco erguido y salida con ambos perfiles.Quizá mi tendencia natural a mirar jugadores que hayan jugado en las posiciones en las que yo jugaba me hizo inclinarme a seguir un poco el juego de Javi Espinosa. Algunos vídeos suyos mostraban una conducción con la cabeza alta, bueno en el regate en corto, visión de juego y facilidad para llevar el ataque organizado. Decidí entonces que había que seguir su evolución. Sorprendido me quedé al ver su gol frente al Numancia en su debut con el filial. Desmarque, regate y gol.Deulofeu, Rafinha y Espinosa, decíamos. Había más en ese equipo juvenil que se proclamó campeón de todo. El Barcelona B era el siguiente paso. Eusebio esperaba.Nadie duda de las virtudes de los jugadores jóvenes, pero queda claro que el cambio de nivel, jugando contra hombres en una Liga profesional, es un proceso que hay que seguir con especial cuidado. Especialmente si lo que tienes que buscar en ellos es su madurez, no su crecimiento.Intentaremos explicar esto con más calma: El crecimiento de un jugador de fútbol tiene que ver en especial con las capacidades cuantitativas que de él se refieren (masa muscular, velocidad), pero si nos referimos en términos de conocimiento del juego, asimilación de conceptos, capacidad de absorber adecuadamente las distintas opciones que la jugada requiere, los parámetros a controlar nos hablan de su madurez.Crecimiento y Madurez. Uno cuantitativo, otro cualitativo. Ambos van de la mano, se puede decir que el crecimiento es el continente y la madurez el contenido. Cuántos jugadores hemos visto que se dicen de ellos cosas del tipo "no entiende el juego", "no piensa" mientras que de otros se habla de "su endeblez física", "no aguanta noventa minutos". Ambas son necesarias.Ganar peso, o prepararte físicamente para adaptarte a una categoría (en este caso la Segunda División) es relativamente fácil: Sólo tienes que llevar una preparación adecuada. Entender el fútbol a esos niveles ya pide otras capacidades, más intuitivas, más genéticas.Eusebio y los chicos del filial, matrimonio condenado a soportarse. Lo que se intuía en los partidos, más lo que uno puede leer (especialmente recomendable el artículo de Martí Perarnau al respecto en su Club Perarnau), dan con la sensación de que Eusebio ha sido (o es, pues todavía es el entrenador del filial) un mal entrenador en cuanto a formar jugadores se refiere.Era muy fácil ver las cualidades de Deulofeu. Explosivo, con carácter, goleador. Ese potencial está ahí y no verlo es negar la realidad. Rafinha es puro talento, con pedigrí gracias a padre y hermano y capacidad por sí solo de armar el equipo. Ellos iban a comandar al equipo. Pero se necesita a alguien más. Y ahí es donde Eusebio decidió erróneamente (Ojo, no decimos mal, sino erróneamente).Su apuesta por Lobato como interior es poco comprensible, amén de que el chico, a base de tener oportunidades, se ha convertido en un interior muy fiable... que acabará fuera de Can Barça. Horas y horas de titularidades que al Barça de poco le servirán. Probablemente Lobato sea el único jugador al que Eusebio ha hecho verdaderamente mejorar.Pero en este artículo queríamos hablar de Javi Espinosa y su madurez. No tiene el aspecto de un superclase, denota calidad por los cuatro poros, aunque aparenta ser flojo en el choque y poco sacrificado en defensa. Pero en la cabeza sabe a lo que juega. Y eso le convierte en el distinto del equipo.Espinosa puede comandar al equipo sin problema, llevar el tempo del partido. Como Stockton, no aparenta lo que puede ser. Porque la mayor virtud es ésa: No todos los jugadores crecen a la vez, igualmente no maduran al mismo ritmo. Y la madurez se consigue jugando y jugando, aceptando los desafíos y peleando una y otra vez. Algo que Espinosa debía aprender este año y Eusebio le ha negado.Me preguntan a veces por qué siento debilidad por Javi Espinosa. En algunas situaciones de este año suyo me he visto reflejado (calidad aparte, obviamente). Me ha hecho recordar esos primeros partidos de pretemporada donde jugabas poco y tú, consciente de tu rol en el equipo, sabías lo que iba a pasar. Jornada 1, eras suplente. El equipo marchaba a trompicones, mal que bien, se sostenía. Tú seguías en el banquillo, sabiendo que eso no podía durar toda la temporada. Cuando los partidos se complicaban, saltabas al campo, a intentar poner orden en ese caos provocado por decisiones que te influyen. Llegada la jornada 7, llegaba un entrenador nuevo o eras titular porque el equipo no se ensamblaba y hacía más falta cabeza que músculo. Y así año tras año.Aceptar eso requiere una dosis de paciencia y calma, de no precipitarse, de aprender, pues llegará el día en que el entrenador que sepa sacar tu potencial aparecerá (a mi nivel, llegó), y todo lo anterior será visto como un aprendizaje.Ignoro qué será del futuro de Javi Espinosa, si llegará al primer equipo, si marchará a otro equipo. Lo que está claro es que él es un ejemplo de lo que siginifica jugar al fútbol, entenderlo (lo más complicado que existe en este Deporte) y estar por encima de todos aquellos que hablan de fuerza sin saber que aquellos jugadores con un físico poco desarrollado son los que más se esfuerzan en no perder y recuperar la bola. En el primer equipo hay otro manchego al que ninguneaban, otro al que el crecimiento no era lineal, otro diamante que sólo había que saber verle, pues la función del entrenador es ésa: saber ver. Espinosa no es Iniesta, pero dejen que sea Espinosa.RICARDO ZAZO / ricardozazo.blogspot.com.es
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