Fútbol sin matices (Argentina-Venezuela 3-0)… por IGNACIO BENEDETTI

“Puede ser el mejor jugador del mundo pero yo le voy a querer comer los tobillos”. (Tomás Rincón)“A menudo me he tenido que comer mis palabras y he descubierto que eran una dieta equilibrada”. (Winston Churchill)Somos esclavos de nuestras palabras y dueños de nuestros silencios. Esa es una vieja frase que no por antigua deja de tener fuerza. Es como el viento: milenario pero todavía sopla. Debemos ser cuidadosos con lo que decimos, porque una vez que nuestros pensamientos se transforman en sentencias, no hay vuelta atrás. En fin, a través de la palabra podemos ganarnos el amor pero también desatar un tsunami.Termina el primer tiempo del partido entre Argentina y Venezuela, con marcador de dos goles por cero favorable al equipo albiceleste, cuando me escribe vía twitter Matías Córdoba (@matiasjcordoba), jugador de fútbol y, sobre todo, futbolista, y me deja una frase contundente que explica lo que muchos vieron en ese partido: “El mensaje lo dio Rincón y su declaración pre partido. Si el mejor que tienen dice eso… tienen jugadores para jugar bien…”. Frase contundente que sirve de inicio para explicar lo observado este viernes a la noche.Venezuela fue un equipo disparatado presa del lado oscuro del caos. Porque no nos engañemos, el fútbol no puede ser sólo una serie de movimientos previsibles nacidos del orden y la disciplina. No, este juego para ser lo que es debe gozar de momentos de anarquía que convivan en perfecta armonía con ese equilibrio que muchos proponen, sin que ellos mismos entiendan lo que sugieren. Pero hoy, al mejor estilo de las películas de George Lucas, el equipo de Farías fue derrotado por una fuerza mayor que mostrada por su rival.No trato de restarle méritos a lo hecho por el equipo argentino, ¡faltaría más! Sólo que desde la formación inicial el equipo venezolano conspiró consigo mismo, o quizás sintió la necesidad de vivir al filo de la navaja. Quien sabe, puede que su entrenador haya olvidado aquella declaración de intenciones en donde afirmaba su voluntad de “invadir campo argentino”. Lo concreto es que entre la mala lectura del juego por parte de Farías y la madurez del equipo capitaneado por Messi, el partido, entendido como la disputa de la pelota por dos equipos con la intención de convertir goles, nunca existió. Lionel fue figura y, a pesar de la dura marca que enfrentó, hizo un gol y sirvió dos.Argentina salió al terreno de juego con la confianza que da saber que los partidos duran noventa minutos y no diez como a veces sugiere la ansiedad. No buscó asfixiar a Venezuela sino que, antes que nada, trató de asegurarse el dominio del balón para así caminar hacia la meta. No se apresuró ni se quedó dormida la selección de Sabella, simplemente caminó con la certidumbre de que en la calma del viaje iban a aparecer las opciones que necesitaba para contentar a su público.Venezuela, por otro lado, no quiso jugar nunca. Fue el niño malcriado que no reconoce la existencia de uno de sus juguetes hasta que otro chico lo quiere, y ahí aparece el llanto, la grosería y el lamento por el objeto perdido. El equipo de Farías jamás quiso la pelota y, peor aún, fue un conjunto que intentó defenderse al borde de su área, confiando en que la acumulación de jugadores en esa minúscula parcela de terreno iba a derrotar los planes sureños. Cuando el equipo de Messi perdía el balón, los venezolanos no sabían qué hacer con ella y pegaban un pelotazo, confirmando que la idea principal era pelear, luchar, interceptar, pero nunca jugar. Hoy, casi para complacer el paladar de Farías, la Vinotinto pensó el partido como una guerra y perdió.Hay datos que explicarían mejor lo sucedido en el estadio Monumental de Buenos Aires, cómo los únicos cuatro disparos Vinotinto (sólo uno de ellos al arco), el porcentaje de posesión del balón o la cantidad de faltas cometidas. Pero el fútbol es un juego de sensaciones, relaciones, reacciones y pensamientos que jamás podrá ser explicado a través de frías estadísticas, por más que éstas, como hoy, se acerquen a la realidad.Los goles de Higuaín y Messi relatan lo sucedido la noche del viernes. Pero esto es fútbol y lo que hoy nos parece el fin, mañana se puede convertir en una oportunidad para crecer y aprender. Venezuela tendrá esa revancha el día martes ante Colombia y podrá, como local, borrar de un plumazo el ruido y el desconcierto que deja el pandemónium vivido hoy. Para Argentina, el Mundial es cosa de un par de partidos, porque si al vértigo conocido de sus atacantes le suma la paciencia mostrada ante los vinotintos, la clasificación a Brasil 2.014 es cuestión de meses.“Cuando bailas con el diablo, él no cambia. El diablo ya te está cambiando a ti”.(Max California, Asesinato en 8mm).IGNACIO BENEDETTI / martiperarnau.com
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