Karim Benzema: Inteligencia artificial

Creo que afirmar que cada uno de nosotros se ha sentido solo en algún momento de su vida no es jugársela. Las casas de apuestas se moverían entre un 1’10 y 1’15 por euro apostado. Esas horas que se pasan camufladas en chalecos silenciosos, miradas que se pierden en calles supuestamente conocidas, invadidas por telarañas desconocidas que trucan una supuesta realidad que no deja de ser supuesta. Quien haya empezado a leer esto dirá: “Pero, ¿y este tonto? Esto es La Galerna, habla de fútbol y sobre todo hazlo del Madrid”. Sí, ya voy. Quería poneros en situación. Ahora es cuando saco a relucir un nombre: Karim Benzema. La soledad encarnada en jugador de fútbol.

Avión. Lyon–Madrid. Entre medias, la nada. Me sitúo allá por el 9 de julio de 2009. Un chaval con rostro travieso y perilla rebelde hacía su primera aparición en el césped de ese templo que es el Santiago Bernabéu, a veces boca de muchos infiernos. Fijénse en su sonrisa porque volvería a costarnos verla pasados los meses. Era una presentación, pero sirvió para conocer su Inteligencia Artificial. El detalle de las dos rayas coronando su rapado cráneo nos advertía de que el chaval podía rayarse como ese viejo vinilo que todos alguna vez hemos tenido entre manos. Quédense con ese detalle. Esas dos rayas marcan el camino del bueno de Karim. Esas dos rayas serán la cara pero también la cruz.

Presentacion Benzema

Los problemas con Karim siempre han sido foco de disputas, peleas infructuosas con tintes dramáticos y una esencia alejada de un comportamiento almidonado. Lo que viene a ser una disputa de las que rasgan las cuerdas vocales. Las aguas bajaron turbias con ese entrenador que no supo entenderle, o no quiso hacerlo. Pellegrini era un ingeniero titulado, pero con Benzema se necesitaba un futurólogo. Alguien capaz de saber que ese ser inerte artificial que se paseaba por los campos de España con la cabeza gacha y el cuerpo ramplón, cogería el gusto por la tierra (más allá de coches y accidentes), se asentaría con la blanca y le sacaría brillo. Desconozco si Benzema cree en la reencarnación y aún más si cree que es posible revivir como animal. A cuento viene porque Mourinho le calificó como un gato con el que se podía ir a cazar pero sonó como “la chica de las cinco de la mañana”. Lo cierto es que tuvo ese efecto deseado, ese escozor que pica el orgullo y sana la desidia. Conclusión: borbotones de magia y venta de camisetas con el ‘9’ a punta pala. Ya saben. Inteligencia Artificial.

No me quiero enredar en detalles minuciosos (y desprovistos de toda lógica) sobre la evolución del galo con los diferentes entrenadores blancos a lo largo de estos años en Concha Espina. Comparado, la batalla de las Termópilas sería una lectura fresca que combinaría muy bien con el vasito de agua y a la cama. Me interesa más el tratamiento del madridista, y sobre todo el de ese abonado que va al campo cada domingo con antojos vocacionales de silbador profesional (curioso que a los de su propio equipo) y engalanado con ropas que desprenden aromas prejuiciosos. Decía antes que el Bernabéu es boca de muchos infiernos. Es un campo que se ha vanagloriado de pitar: desde Alfredo Di Stéfano hasta Cristiano Ronaldo pasando por Zidane, Raúl, Figo, Ronaldo, Roberto Carlos… y por supuesto Benzema. Tú fijate.

En el templo blanco la calidad no es sinónimo de éxito entre los discípulos. Al público de Chamartín siempre le ha llenado más fijarse en cómo de sucia está la camiseta. Cuántas gotas de sudor pueden caer al escurrirla. O mirar datos para ver quién es el fenómeno que ha corrido 16 kilómetros. Es un público de brocha gorda, capaz de afeitarse con un cortacésped o ir a por setas con un Mustang. También es capaz de comer una cantidad desproporcionada de pipas. Y éste es otro detalle que no me gusta nunca dejarme en el tintero.

A Karim Benzema siempre le ha perseguido su fama de jugador ‘horchatero’. Desconozco si el término existe, pero podríamos ponerlo en las antípodas de ese otro término: “canchero”. Esa palabra que se usa mucho en el fútbol argentino y que viene a decir “tiene más huevos que nadie”. El francés nunca se ha revelado ante tal acusación, ha mostrado la misma parsimonia que la que le señalan en el terreno de juego. Ha esquivado el envite. Ha dado por hecho que en efecto no es jugador de garra. ¿Pero es eso necesariamente malo? Hagan un ejercicio conmigo. Analicen estas palabras: oxígeno, arrastre, bandas, primer toque, recibir, golpear, uso de las dos piernas, sangre fría. ¿Ven por dónde voy?

Karim Benzema son tres “click” de colonia. ¿Para qué rociarse el cuerpo? Es un nuevo sistema operativo, pero para saber controlarlo hace falta conocerlo en su esencia. Poco a poco el madridismo ha ido dándose cuenta de que Karim es esa otra persona que está al otro lado del teléfono. Es la amante silenciosa y no el teleoperador de cualquier compañía telefónica a las 16:09 de la tarde.  El madridista es Joaquin Phoenix en Her y Benzema es la voz femenina (o masculina, según gustos) de ese sistema operativo que quiere satisfacer todas las necesidades y que trabaja para ello… Porque podrá gustar más o menos, pero a todos se nos queda la misma cara de asombro cuando el balón mece la red y ante nuestras pupilas se vislumbra ese rostro anodino e impasible que manifiesta que, en efecto, el autor de dicha obra de arte es Karim. Porque un jugador así es único y, ¿saben qué? Que tengo la suerte de verlo jugar en mi equipo. Tú sabes.

“Todo me da vueltas porque me he tomado unas copas de más, porque quería emborracharme; y quería sexo, la mujer me pareció atractiva porque me sentía solo. Puede que sólo porque me sentía solo. Quería que alguien me follara y quería que alguien quisiera que la follara… A lo mejor así habría tapado ese agujerito minúsculo que tengo en el corazón… Pero probablemente no…

¿Sabes? A veces creo que ya he sentido todo lo que puedo sentir y que a partir de ahora no sentiré nada nuevo, sólo versiones menos intensas de lo que ya he sentido…”

Via lagalerna.com

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